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SOBRE LA INTUICIÓN…

En el ser humano, existen 2 vías de comprensión: La vía del CONOCIMIENTO, que lleva a la integración entre conocedor y conocido por la vía del SABER y la de la entrega del sentir, que lleva a la integración entre amador y amado por la vía del AMOR.

Como bien sabemos, cada hemisferio del cerebro se ocupa de una de las vías, por lo tanto, todos poseemos ambos caminos a nuestra disposición. Las tendencias individuales marcarán el camino a transitar.

En realidad, cuesta ser diestros en ambos senderos, pero hay que reconocer que el más fomentado desde milenios atrás ha sido el camino del conocimiento.

Se le ha dado más valor a la dialéctica racional que al mundo emocional. Se ha valorado mucho más el aprendizaje intelectual que el emocional. En parte, porque habitualmente el mundo emocional se asocia al género femenino y desde el punto de vista (aún) patriarcal, es el género “débil”.

Tampoco es que la vía intelectual se haya elaborado de manera muy exitosa, ya que, confundimos inteligencia intelectual con almacenar y acumular datos e información en la memoria, pero después en la práctica, no tenemos el manejo ni el control correcto del mundo de la dialéctica y la reflexión. No sabemos pensar, no somos diestros en reflexionar. No controlamos el incesante flujo de pensamientos innecesarios que asaltan nuestra mente, ellos aparecen sin pedir que vengan.

Nadie nos ha educado en esto y no echemos la culpa a la poca presencia de la asignatura de filosofía en las escuelas. Aprender a pensar y Aprender a sentir deberían ser asignaturas obligatorias desde la escuela infantil.

Pero hoy quiero darle a la INTELIGENCIA EMOCIONAL el lugar que se merece. Soy la “fan number one” de la gente sensible que expresa su mundo de manera natural, abierta, sin complejos y que percibe el mundo desde ese lugar tan exquisito.

La Inteligencia Emocional es aquella forma de conocer que pertenece al mundo de la sensibilidad. Poc@s lo saben, pero la percepción desde el corazón es mucho más inmediata que la realizada desde la cabeza, puesto que el corazón pecibe por impacto, en el Presente, sin requerir de información previamente almacenada en la memoria.

A la comprensión originada por la percepción por impacto le llamamos INTUICIÓN.

La intuición es la forma de cognición más estable que puede tener una persona emocionalmente desarrollada.

Y esto es un área importante que debemos tener muy en cuenta en la actualidad, porque los niños de hoy en día son más cercanos a la intuición que a la dialéctica (prueba de ello son la rapidez en sus respuestas o la habilidad natural que tienen con el manejo las TIC).

Deberíamos hacer promover la pedagogía intuitiva, porque de solo dedicarnos a analizar, seguiremos fomentando el aprendizaje a través de la vía intelectual, y la brecha generada entre los adultos de “la vieja escuela” y la infancia de la actualidad” es inmensa.

Al no haber sido educados en el mundo del sentir, en el mundo de la intuición, desconocemos en gran parte cómo es el mundo de nuestr@s pequeñ@s.

En mi caso, existe una naturaleza muy sensible pero también soy reflexiva.

Por circunstancias de la vida en la infancia mi sensibilidad no pudo desarrollarse de una manera natural y constructiva. Convertí aquella habilidad en simetrías que no le eran muy favorables a mi sistema. La convertí en contención, incomunicación, dureza,… y me refugié mucho en la parte intelectual (cosa habitual en muchas personas por ser la más aceptada socialmente). Se me daba bien el estudio académico, la reflexión, la expresión oral… Aunque sí recuerdo que podía sentir lo que otras personas sentían, y en ocasiones podía predecir eventos que ocurrirían en el futuro.

En el transcurso del viaje interior empecé a tomar consciencia del caparazón con el que había blindado mi corazón y el mundo emocional empezó a desparramarse como río desbordado por tanta lluvia.

Las compuertas que contenían aquel mundo se abrieron de repente y durante años el caudal emocional fue terrible. El llanto era la única vía de escape y de expresión de ese mundo. El embalse ya se había copado por tanto dolor y sensibilidad contenidos.

No tener el manejo de aquello incluso me producía una sensación de rechazo hacia mi misma; sin embargo, poco a poco fui educando mi mente en la reflexión y aprendiendo a expresar mi sensibilidad a tiempo. De esta manera mi mundo interior fue apaciguándose.

Con la sensibilidad en proceso de maduración seguí indagando y descubrí que una expresión simétrica constructiva de aquella habilidad era la intuición.

Durante años había denostado la idea de poder ser intuitiva y seguí tratando de construir mi mundo por el camino largo, el de la dialéctica.

Pero la habilidad siempre pugna por salir y finalmente en mi caso así ocurrió. Me di cuenta de que en ambientes pedagógicos donde mi sensibilidad se expresa de manera natural, la intuición correteaba a sus anchas sin ningún tipo de esfuerzo. Incluso, ahora ya puedo decir que conozco algunas cualidades de la intuición como, por ejemplo:

– Ocurre cuando Atención Eficiente

– Se navega en ella sin la existencia del navegante

– Es inmediata, instantánea y sin fracciones

– Junto con ella aparece la alegría y la exaltación por lo conocido

– Se apoya en funciones más eficientes de la mente

– Reestructura la relación entre sujeto y objeto, conocedor y conocido

– Impide la aparición de estrés y se convierte en una actividad terapéutica

– Es capaz de llevarnos a conocer mundos previamente desconocidos y por ello sorprende

Desde aquella compresión vivo más relajada. Ya no lucho ni me esfuerzo por entender el mundo desde una forma que no es afín a mi y que desgasta mi propio sistema nervioso. Además mi fluctuación mental se ha aquietado muchísimo y mi respuestas a los eventos cotidianos son mucho más eficientes.

Con todo esto lo que quiero decir es que de haber tenido a alguien en la infancia que me hubiera enseñado a confiar en mi mundo emocional y me hubiera mostrado el universo de la intuición, hubiera atajado mucho en el camino del autoconocimiento y mi modo de relación con el entorno.

¿Qué podrían haber hecho mis padres y profesores/as para acompañarme en el desarrollo de estos universos?

A parte de ser cariñosos y cercanos conmigo, hubiera sido interesante fomentar cualquier expresión natural, espontánea, artística, de intuición…Para esto, ejercicios interesantes para ofrecer son:

– Ejercicios de improvisación, naturalidad y espontaneidad…

– La danza, tocar instrumentos, teatro…

– Enseñar a que los niños se atrevan a lanzar y confíen en sus primeras hipótesis y las comprueben

– Enseñar el manejo del péndulo, aprender a confiar en la intuición. ¿Cómo? Por ejemplo, se puede esconder en algún armario de la casa un objeto y ellos han de encontrarlo usando el péndulo. Adivinar de qué palo es una carta de la baraja creando un protocolo de preguntas y repuesta,…

– Enseñarles a ser asertivos cognitivamente. No permitir que duden por tiempo. Mostrarles que vale más decidir, llevar a cabo la decisión y aprender de la experiencia (del error, si esxistiera) que la duda.

Esta entrada tiene 7 comentarios
      1. Un niño puede sentirse dañado en su autoestima si su intuición, como una forma natural de conocer, no es comprendida. Etiquetar a un alumno o un niño en la familia como raro es algo que me temo será frecuente. Reduce la propia valoración y lo encadena a las percepciones de otros al sentir que su cognición no es clara y por tanto, son otros y no el o ella los que saben qué hacer.

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