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LA SABIDURÍA DEL VIENTO

LA SABIDURÍA DEL VIENTO

Madre e hija permanecían observando el cielo azul recostadas en la cima de un pequeño montículo. Al momento sopló el viento y el viejo roble cercano a la pareja soltó una de sus últimas hojas de invierno.

Aquella hoja era de color carmesí y justo cayó sobre el cuerpo de la niña.

—Mami, ¿cómo el roble sabe que debe dejar caer sus hojas?

—Es el frío del otoño quien estimula que ello ocurra, contestó plácidamente la madre.

Ante la respuesta la pequeña se quedó pensativa.

Pero, el roble no tiene piel como la nuestra, su tronco es de madera. ¿Acaso la madera puede sentir el frío y contagiar al resto del árbol?, —preguntó inocentemente la niña.

La madre empezó a sentirse incómoda, pues las preguntas llevaban a un punto complejo de solución.

Hija, el árbol sabe que es otoño. Posee un lenguaje que el Sol y la Luna le han enseñado y a través del cual sabe sin dudar cuándo debe dejar caer sus hojas, —contestó la madre sorprendida de su propia respuesta.

Ahora entiendo, —contestó riendo la pequeña, — el viento es la voz del Sol y de la Luna y parlotea cuando agita las ramas. ¿Es así madre?—preguntó ansiosa la niña como habiendo hecho un gran descubrimiento.

La madre intentó seguir la corriente, pues ni ella misma sabía qué contestar, pero las palabras de la chiquitina eran tan dulces y tan bellas que debían ser verdad.

El viento es sabio, lleva y trae melodías que no entendemos pero que los árboles reconocen —respondió finalmente la madre.

Aprende a escuchar el ruido del viento al mover las ramas de los grandes árboles y aprenderás el lenguaje del Sol y de la Luna.

Siempre hay ocasión de crear diálogos incluso con los comentarios más curiosos y extraños que a una niña o un niño se le pueden ocurrir.

Cualquier pregunta nos puede llevar a saltar a lugares insospechados y mostrar lo que los y las peques atesoran en lo más profundo de su corazón.

Aprovechemos cualquier palabra, frase, comentario, pregunta, respuesta, etcétera para conocer su mundo interior.

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Me encanta tu propuesta, Ane.
    Quiero compartir esto:
    Mi hija es hija única, pero en casa tenemos dos perras y cuatro gatos (una gata adulta y sus dos crías de dos meses y un gato adulto que no sabemos si es o no el padre de las crías).
    El otro día me dijo mi hija: “Ama, ¿pueden ser Bolita y Koli mi hermano y mi hermana?” (Bolita y Koli son las dos crías de gato que nacieron en casa).
    Y yo: “Claro, ¿por qué no?”
    Sonrió divertida y me dijo: “Entonces, yo tengo dos madres y dos padres, y Sorgin y Urki (las dos perras) también pueden ser mis hermanas” (las madres seríamos la gata adulta y yo, los dos padres el gato adulto y su padre humano, jeje, su hermano el gato cría y sus hermanas las gata cría y las dos perras).
    En un instante, pasó de creerse hija única a considerarse parte de una familia en la que tenía dos madres, dos padres, un hermano y tres hermanas. Sentí que ella misma llenaba sus propios vacíos, sin ataduras de alianzas por sangre o limitaciones de especie.
    Como tú dices, “Cualquier pregunta nos puede llevar a saltar a lugares insospechados y mostrar lo que los y las peques atesoran en lo más profundo de su corazón”.
    Eskerrik asko eta musu handi bat.

    1. Bego!
      Eskerrik asko zure ekarpenagatik! Gracias por tu aportación!
      A las y los peques en general, tener animales o cualquier ser vivo a su alrededor les ayuda mucho. A veces a sentirse acompañadas y acompañados, otras para dar salida al torrente sensible que tienen, otras a entender otras facetas de la vida social (como pueden ser otras estructuras familiares, etcétera), también a entender los ciclos de nacimiento, crecimiento y muerte o cambio…
      Sea lo que sea, en sus comentarios hablan de su interior, de sus necesidades, de sus anhelos, de sus ilusiones y mucho más. Es por ello que es importante saber leer entre líneas y lo que significan las palabras porque siempre esconden algo más de lo que expresan.
      Muxu handi bat!

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