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LA SOCIALIZACIÓN EN LA INFANCIA

“¡En cuanto mi hijo cumpla 2 años le enviaré a la escuela porque necesita socializarse!”, me dijo el otro día una madre. Sorprendida, mi cabeza empezó a rumiar esta afirmación durante varias horas.

Lo primero que pensé fue que se da por hecho que después del parque, la escuela es el primer lugar o la primera oportunidad para entrar en sociedad. Luego valoré si una inocente criatura, a esa edad, está preparada y tiene suficientes herramientas como para enfrentarse a la jungla de las relaciones interpersonales y de comunicación.

La respuesta a semejante afirmación es que no se debe de obligar a las pequeñinas y pequeñines a socializar cuando aún no están preparados.

Seguro que muchos hemos acompañado a nuestros hijos, hijas, nietos, primos, sobrinos, etcétera al parque a jugar cuando tienen más o menos esa edad. Habitualmente, buscamos que se reúnan con otros pequeños con intención de que se relacionen, hagan amigos, aprendan a intercambiar cosas, aprendan de la empatía, etcétera.

Si hemos prestado la atención suficiente, nos habremos dado cuenta que aún estando un niño cerca de otro, no suelen entablar relación. Se miran uno al otro, observan entre sí sus juegos e intentan quitarse sus respectivos juguetes, porque extrañamente, el juguete del otro siempre gusta más que el propio y el único propósito es obtenerlo sin tener en cuenta lo que el otro siente y por encima de cualquier otra opción.

Lo mismo ocurre en las escuelas. Llevamos a los niños a un lugar donde temporalmente les acompañará la madre o el padre a hacer el periodo de adaptación con el fin de que vayan “habituándose” y “confiando” en el o la acompañante que les hayan asignado y en el resto de compañeros del aula. Poco a poco, cumplido este tiempo, los dejamos solos pese a que lloren y no quieran entrar a ese espacio todavía ajeno. Les intentamos seducir con algún juguete u otra cosa para que finalmente se queden “tranquilos” en el aula.

Este tipo de actitudes denotan que a esta edad y hasta los 5 años aproximadamente, la conciencia de una o uno mismo es muy precaria; somos como cachorritos. El “sentido protagónico” aún no se ha instaurado y la expresión es totalmente natural, sin filtro.

En los primeros años de vida funcionamos por instinto, somos pequeñas esponjas que captan todo lo que nos rodea por mímesis. Toda experiencia se basa en captar el mundo a través de los sentidos, el cuerpo se encarga de crear habilidades motrices, el sistema nervioso y el aparato cognitivo trabajan para desarrollar un lenguaje propicio y empezar a comunicarnos más allá de las caricias, las sonrisas, los abrazos, las rabietas o los mordiscos a aquella persona que nos quita el juguete favorito, etcétera.

Estos primeros años son sagrados en la vida de una persona. Son años de crear una base sólida para posteriormente poder confiar. Esa base la construye el amor, el calor del hogar, la dulzura y la coherencia de las madres y los padres en la expresión del sentir, pensar y actuar. El compromiso de educar, otorgar el tiempo suficiente al juego y a la expresión del amor, descubrir las habilidades innatas y el respeto de los ritmos de aprendizaje de nuestros pequeños son obligatorios en esta etapa.

Si obligamos a los niños a lidiar en un entorno cuando aún no tienen la base y las herramientas suficientes, les estaremos empujando a crear mecanismos de adaptación al entorno a través de un esfuerzo titánico. Esto traerá consigo tener que confeccionar simetrías de supervivencia demasiado pronto que, generalmente, van en contra de la propia naturaleza.

Se someterán a las pautas de la escuela. Los más pequeños estarán en manos del o la acompañante en quien confían sus padres para tomar el biberón y los pongan a dormir la siesta; los que caminan se sentarán cada día quietos en un mismo corro al entrar en el aula para darse los buenos días y acatarán las actividades propuestas por la escuela hasta pasado el tiempo que dura la jornada laboral de un adulto.

Finalmente, las niñas y niños se acostumbrarán, se habituarán a estar en un espacio con ciertas cualidades y, aún pareciendo que lo manejan más o menos bien, lo único que produce es estrés por el esfuerzo que implica integrarse. Es como si nos obligaran a escuchar un mitin, ir a misa o a escuchar cualquier sermón que para nada es de nuestro interés y, posteriormente, nos tomen la lección. Pues acabamos obedeciendo, pero el esfuerzo que ello implica es absolutamente innecesario.

¿Qué hay que hacer con niñas y niños entre 0 y 5 años en la etapa social?

Lo primero y fundamental es no obligarles a socializarse. Aquí ofrecemos algunas posibles pautas a realizar:

  • Pasar tiempo de disfrute con ellos. Jugar, escuchar diferente música, pintar con las manos, llevarlos a descubrir el reino de la naturaleza, etcétera.

  • Mostrar el mundo emocional a través de caricias, la dulzura en el tono y la palabra, masajes, etcétera.

  • Los padres han de ser coherentes en el pensar, sentir y actuar y predicar siempre con el ejemplo.

  • Indagar en el descubrimiento de las habilidades innatas y acompañar a que las desarrollen.

  • Cuidar la comunicación y los paralenguajes que se utilizan (miradas, gestos, tonos, tacos, formas, etcétera). No debemos de hablarles como lo hacemos con los amigos.

  • Respetar sus ritmos de desarrollo motriz. No obligarlos a caminar. Permitir que indaguen el mundo desde el suelo, repten, gateen y cuando adquieran la suficiente fuerza, caminen.

  • Buscar momentos para fomentar actividades para el desarrollo psicomotriz a través de los sentidos. Ofrecerles construcciones, texturas, objetos de diferente peso, etcétera.

  • Es buen momento para hacer uso de apodos que sustituyan el nombre propio y crear un lenguaje especial y único en la familia. De este modo, los niños podrán identificarse con diferentes términos y personajes, evitando así que el “sentido protagónico” aparezca con tanta fuerza. Además, esto crea lazos de complicidad entre los diferentes miembros de la familia y entorno.

  • No juzgar sus reacciones de inocencia ni sus rabietas (recordemos que son como pequeños animalitos) y otorgar herramientas para la gestión de las mismas.

  • Cuando surjan conflictos de relación, acompañar y contener al pequeño que está bajo nuestra responsabilidad. Se debe analizar secuencialmente el suceso de principio a fin de manera objetiva, no negar lo que siente y mostrarle opciones de gestión.

  • Cuando surge el lenguaje y no utilizan el tono o las formas correctas, repetir lo dicho de manera más agradable. Mostrarles diferentes opciones de comunicación.

  • Cuando ya hay lenguaje, siempre son importantes el diálogo y las preguntas. En su comunicación los infantes nos mostrarán cómo se relacionan con el entorno, qué les molesta de él, quiénes son sus mejores amigos y por qué, qué tipo de personas no les gustan, etcétera. No debemos desaprovechar los instantes de diálogo sobre su entorno social, pues a través de ellos, podemos indagar en sus mentes y nos darán indicadores de cómo ha de ser un entorno favorable para ellos.

Estas son algunas pautas importantes en esta edad y su etapa social. Pueden servir de guía para poder acompañar respetando los ritmos de nuestras criaturitas.

Os invito también a opinar sobre estas ideas y ofrecer algunos consejos más que puedan servirnos a tod@s.

Esta entrada tiene 7 comentarios
  1. Me ha llamado la atención lo de usar apodos! Cuando son bebés es muy común usarlos pero vamos dejando de hacerl conforme crecen.
    Los apodos deben ser genéricos o cada niño tiene el suyo en lugar del nombre?

    Por lo demás completamente de acuerdo, es una pena que tengamos que dejarlos tan pequeños

    1. Hola Silvia!!!!
      En cuanto a los apodos, yo creo que lo bonito es darle varios apodos a un mismo niño. Te lo puedes inventar, o puedes aprovechar alguna de las habilidades que tenga para crear apodos. De esa manera podrás generar códigos exclusivos con cada niño.
      Abrazo guapa!!

  2. Interesante análisis, lo compartiré con compañeros de profesión. Si que me resulta novedoso el apodo, lo voy a reflexionar profundamente. Un saludo!! 🙂

  3. Nuestra hija empezó a la escuela con 4 años. Aunque sentía que iba contracorriente y tenía muchas dudas sobre el efecto negativo que podría tener escolarizarla más tarde de lo habitual, mi intuición me llevó a hacerlo así, de modo que compartí los tres años de excedencia con ella; sin duda, el regalo más extraordinario que me he hecho a mí misma en toda mi vida!! Siempre he creido que ese inicio ha marcado una relación especial entre nosotras: siento una confianza mutua, complicidad, comunicación mediante la simple mirada, su empatía, la costumbre (habilidad?) natural de transmitirnos amor y dulzura… que se mantiene en el tiempo a pesar de que pronto cumplirá 9 años. Y esos elementos ayudan tanto en los conflictos!

    Es cierto que es una niña tímida a la hora de entablar conversación si no hay mucha confianza, pero sin duda también esa habilidad la irá desarrollando poco a poco, con el tiempo…

    No puedo negar que el contenido de este post me ha tranquilizado bastante, jeje… Mosuak!

    1. Bego!!
      La timidez podría esconder como habilidades la observación, la curiosidad, la espera, la escucha, el silencio y muchas otras más. Quizás tu hija tampoco sea persona de mucha conversación, je je je….Estamos las que no callamos ni debajo del agua y están quienes son más habilidosos en la escucha.
      Diría que todos necesitamos de la confianza para poder abrirnos a cosas nuevas.
      Me alegro de que el contenido te haya tranquilizado!
      Muak

  4. Hola Ane, muchisimas gracias por tus consejos, son muy valiosos de verdad.
    Sobre lo que hablas de no obligarles a andar, estoy contigo, debemos dejarles que sean naturales en esta etapa, gatear tiene muchisimas ventajas y una de ellas que podríamos destacar es que equilibra los dos hemisferios del cerebro, algo muy necesario para su crecimiento.
    Gracias de nuevo. Abrazo!!!

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