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DE LA REFLEXIÓN A LOS PROCESOS MAYÉUTICOS (el Método Socrático)

Daimon. Es la voz interna que Sócrates escuchaba y le decía qué era lo que tenía que hacer, decir, pensar, etcétra. Este Daimon también le sugería preguntas, ideas o enigmas a investigar junto con sus estudiantes.

El objetivo era crear un tipo de diálogo que arrastraba a los participantes a los abismos de la intuición a través de un proceso continuo y reflexivo.

Inevitablemente, este método llevaba a salir de las áreas de confort dialécticas férreamente construidas en las mentes de los dialogantes y obligaba a atreverse a ir a la deriva hacia ideas nunca jamás pensadas.

El proceso reflexivo inicia lanzando una idea, un concepto o una pregunta suficientemente interesante.

A todas y todos nos ha ocurrido alguna vez que alguien nos plantea algo que inicialmente nos “rompe los esquemas” por no haberlo pensado antes, cuestionado antes,…

Cuando esto ocurre, la mente se fractura al no poder encontrar ideas que sirvan de punto de apoyo para emprender una reflexión coherente, una reflexión “inteligente” (refiriéndome a inteligencia desde el punto de vista dialéctico). La información almacenada choca con una situación que justamente empuja a no apoyarse en nada previamente pensado.

Es por eso que en las situaciones de improvisación solemos sentir el agobio de no ser capaces de reaccionar y no advertimos que precisamente esta fractura de las fronteras mentales son el ambiente privilegiado para dar el salto a los universos intuitivos.

Alguna vez he experimentado la aterradora situación de tener que improvisar algún tema frente a ese público que te mira en solemne silencio y al que no quieres defraudar diciendo alguna estupidez o hablando por hablar, con frases o palabras huecas y sin sentido.

Me ha tocado improvisar sobre el concepto de la justicia, en lenguaje “florido”; sobre la belleza, la templanza, sobre la naturaleza del abismo, la naturaleza de la sensibilidad y alguna cosa que otra más que no recuerdo ahora.

Aparentemente y teniendo un rato para pensar y ordenar ideas, cualquiera podría ser capaz de disertar sobre estos temas pero cuando no hay tiempo y el público aguarda, toca lanzarse a lo desconocido.

Sinceramente, hasta que no se está en esa situación, una no se da cuenta de que no tiene idea de nada. Belleza, sensibilidad, abismo, justicia suenan a palabras dichas en un idioma desconocido.

Pero hay que ser valiente, armarse y confiar en que el Saber es un continuo que está a pesar del miedo, la duda e inquietud que el protagonista (en este caso el yo) padece.

Esto es lo que hacían Sócrates y sus alumnos. Probablemente, para ellos era tan habitual hacer estas prácticas que las abordaban sin miedo ni duda alguna. Pero no solo eso, sino que además dicha disciplina les permitía llegar a estructurar la mente bajo unos parámetros de presencia inigualables.

El proceso Mayeútico consta de iniciar la reflexión con una idea, empezar a caminar sobre terrenos dialécticos conocidos e impidiendo que la Atención se aleje del continuo de una misma idea, se deslice intuitivamente a conocimientos superiores, a conocimientos más allá de los límites personales, a conocimientos que sorprenden a la propia persona que los alcanza.

Si verdaderamente conociéramos la naturaleza de las habilidades que se esconden en la mente de los niños y niñas de hoy en día, sabríamos que su manera de investigar el mundo es muy cercana al método socrático, porque la intuición es el instrumento más esencial que tienen como medio de aprendizaje.

Animo a que la oratoria, la prédica, la improvisación, etcétera se instauren como asignatura en el sistema educativo, a que utilicemos estos mecanismos de diálogo como juego en lo cotidiano con los y las educandos desde el mismo instante que empiezan a ser capaces de construir ideas.

*En el apartado de juegos encontraréis un ejemplo sencillo para trabajar con niñas y niños.

Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. El otro día me dijo mi hija:
    En el recreo, me subí a la barandilla de la entrada de la escuela y me colgué boca abajo. Y pensé: Qué distinto se ve el mundo boca abajo!
    Me encantó escuchar eso que dijo. Pena que no siguió hablando… ¿qué hubiera dicho? ¿A qué le daría vueltas en aquel momento?
    Leer este post me ha recordado ese instante… Musu bat.

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