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En estos días he recordado una habilidad que tenía, más o menos, en la edad preadolescente y adolescente.

Escucho mucha música desde chavalita, seguramente gracias a mi hermano 7 años mayor que yo, quien es músico de vocación, habilidad y profesión.

En aquellas épocas nos metíamos en su habitación a estudiar juntos. Bueno, yo estudiaba y él dormía, dibujaba o escuchaba música y cuando sentía que mi madre podía acercarse y abrir la puerta, le daba un toque con el pie para que se despertara o disimulara haciendo que estudiaba.

Yo me sentaba en un puff rojo y él solía estar tumbado en su cama con el libro o cuaderno apoyado sobre sus muslos y rodillas dobladas. Estudiar no era su habilidad. Recuerdo que incluso una vez me preguntó a ver cómo hacía yo para estudiar, je, je, je… Quizás tampoco era la mía pero en fin, a mí me podía la responsabilidad.

El Olentzero en navidades una vez nos regaló una minicadena con radio, reproductor de CD y cassette (doble pletina). Aquel regalo fue algo muy transgresor y moderno en casa. Ese año nos debimos portar muy bien porque el regalo fue el mejor que recibimos, probablemente, en toda la vida hogareña.

Antes de la minicadena, teníamos una radio gigante de esas con cassette que ahora sería vintage y que más de una persona daría lo que fuera por adquirir.

La preadolescencia es casi tan dura como la adolescencia misma por la ignorancia que te lleva a tener una cinta del grupo musical VICEVERSA, por ejemplo.

VICEVERSA era aquel grupo muchísimo anterior a las Spice Girls o Backstreet Boys que cantaba la de “tu piel morena sobre la arena, nadas igual que una sirena, tu pelo suelto moldea el viento, cuando te miro me pongo contento,…” (un horror, pero aún es pura poesía comparando con las letras de ciertos estilos musicales de hoy en día).

Se ve que mi hermano supo detectar aquel momento como algo crítico y en un brote de vergüenza ajena por los gustos musicales de su hermana pequeña, la cinta de VICEVERSA pasó a ser otra que tenía una pegatina que decía NIRVANA.

Empezó a sugerirme grupos musicales, entre ellos, algunos del panorama euskaldun como Su Ta Gar o Kashbad y otros como Pearl Jam, Metallica, R.E.M., Foo Fighters, Jeff Buckley, Soundgarden, Ben Harper, Neil Young, etcétera.

Los fines de semana al mediodía, éramos fieles al programa televisivo de los 40 Principales donde salían temazos como “Bohemian Rhapsody” de Queen, “Thriller” de Michael Jackson, “Losing my religion” de R.E.M., “What´s up” de 4 Non Blondes, etcétera. También mi hermano tocaba la guitarra y cantábamos juntos algunos temillas.

Poco a poco fue despertando mi gusto por la música y empecé a acompañarme de ella. A veces ponía la música a todo volumen y cantaba o bailaba y otras veces, me ponía los cascos y el mundo desaparecía.

Era capaz de escuchar discos enteros sin perder el flujo de Atención Eficiente en ningún momento. Navegaba por los diferentes instrumentos y por los matices de tonos graves y agudos perdiéndome totalmente en la percepción auditiva.

Ahora se que llegué a entrar en No-dualidad a través del sentido del oído.

Esas experiencias eran un oasis de calma dentro de las inquietudes causadas por el entorno mismo. En aquellas regiones de pura Atención Eficiente no cabía el dolor, ni el sufrimiento, ni la duda, ni el miedo, etcétera. Es imposible estar en Atención Eficiente y estar triste a la vez.

Sin embargo, aquella habilidad empezó a convertirse en hábito cuando la adolescencia se asentó. El instinto de supervivencia reforzó un mecanismo de huida y de auto-protección.

He sido consciente de este patrón en la tercera y cuarta semana del pasado confinamiento cuando me sentaba a la práctica meditativa o intentaba contemplar el entorno natural, y me era imposible porque la locutora de mi cabeza no paraba de hablarme, cantar y pensar en infinidad de cosas.

LO QUE ERA HABILIDAD DE ABSTRAERME EN LA MÚSICA, SE CONVIRTIÓ EN HÁBITO DE ESCAPAR DE LA SOLEDAD Y ACOMPAÑARME DE ALGO.

Jamás había advertido esta tendencia con tanta intensidad, pero solo tuve que permanecer atenta unos cuantos días sin dejar de hacer mi práctica para que el hábito se convirtiera de nuevo en la habilidad que escondía.

Con todo esto lo que quiero demostrar es que cualquier tendencia puede expresarse como hábito o como habilidad, según la época, el área o el ambiente y que TODO HÁBITO ESCONDE UNA HABILIDAD, solamente se debe retirar el “sentido protagónico” de la cognición.

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