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LA MÍSTICA FLOR DELICADA

Hoy hacía un día espectacular. Frío y soleado. He aparcado las obligaciones y de buena mañana, he salido a caminar a la montaña. El hielo de las campas iba derritiéndose y la fría piel de mi cara calentándose con los aún tímidos rayitos de sol.

Ya cerca de una cima me he encontrado con una antigua vecina y una amiga suya. Ella y el resto de su familia son de esas personas de corazón noble que normalmente te saludan con una sonrisa y con las que se puede compartir ascensor sin que resulte una actividad incómoda.

En el encuentro hemos cruzado unas palabras y entre tanto, le ha contado a su amiga que su padre, cuando yo era pequeña me llamaba “la mística flor delicada”.

Ha sido entrañable volver a recordar eso y nos ha hecho mucha gracia.

Cuando me he despedido de ellas he seguido haciendo marcha pero un eco (no literal)  proveniente de la conversación se ha quedado haciéndome compañía. Estaba entre atender el regalo de la naturaleza o atender al eco que resonaba en mi interior reclamando que lo reflexione.

He bajado a un ritmo ligero para llegar a casa, prepararme un buen almuerzo y dedicarle un rato a la idea que me ha quedado dentro.

Conclusión…

Cuando recuerdo mi infancia para ver si las habilidades que ahora reconozco se expresaban de alguna manera, no encuentro referencias que me sirvan.

Lo que se de cuando era pequeña es que al nacer no paraba de llorar, que era “mala comedora” y poco más. Nadie me ha dicho si era alegre, si era risueña, si era empática, si me gustaba esto o aquello, o eso de “se pasaba todo el día haciendo nosequé…”. Ni idea.

El ambiente era tan conflictivo que seguramente descubrirme y conocerme era un asunto irrelevante para mis padres.

Pero esto de “la mística flor delicada” me sirve de mucho. Que alguien de fuera con mirada aséptica percibiera eso de mí es un gran punto de partida.

Probablemente, de las personas que me conocéis habrá quienes opinéis que ese mote no tiene nada que ver conmigo y habrá a quienes os parezca muy acertado.

Sea lo que sea, a mí me calma el corazón pensar que, en algún momento, antes de crear todo tipo de mecanismos de defensa y endurecerme, mi sensibilidad se notaba y se me sentía delicada.

Lo de mística lo vamos a obviar porque es demasiado evidente. Son años ya que reconozco en mí la incesante sed de conocer Lo Real y fundirme en cuerpo y alma con ello…

Cuando queráis investigar en vuestras habilidades, buscad aquello en lo que fluíais sin esfuerzo y con alegría en la infancia pues aquellas cosas aún tendrán simetrías en la actualidad, ya sea en el mundo del hacer, del sentir o del saber.

Probablemente mi antigua vecina ni se imagine lo que sus palabras han detonado en mi interior en el día de hoy, pero igualmente agradezco mucho este encuentro. Ha sido muy oportuno.

*Imagen de cabecera: Leire Jaione

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