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UN DIÁLOGO ENTRE MAESTRO Y APRENDIZ

Aprendiz:

—Tengo una constante angustia en el pecho.

Maestro:

—¿Y su causa?

A: —No estoy segura si es del todo mía.

 

M: —Pregúntate, ¿qué podrías hacer ahora mismo para curarla…?

A: —No estoy segura pero creo que hablar, decir, compartir el cariño, el contacto físico y verbal, compartir en general…

M: —Entonces toma tu creencia como prioridad y empieza lentamente a trabajar en ella. Deja que tú corazón te vaya guiando, sin prisas. Cada tanto obsérvate y advierte si la prioridad se mantiene, así se convertirá en una certeza.

 

M: —¿Puedes notar si la sensación se aloja en especial en algún lugar de tu cuerpo?

A: — Mayormente en la garganta y la boca del estómago.

 

M: —¿Sabes si esas sensaciones inician en un momento específico del día?

A: — Generalmente ocurren siempre en momentos específicos sí. Por ejemplo, en las horas antes de dormir es habitual.

Últimamente detecto que lo de la garganta viene en horas concretas y acompañado de un recuerdo.

 

M: —¿Notas el tiempo que duran y cuánto pasa antes de que vuelvan nuevamente?, es decir, si te llegan a obsesionar…

A: — Lo que ocurre durante el día gestiono con mayor facilidad que lo de la noche. De día, noto la sensación física y reconozco el recuerdo pero lo dejo en paso, lo sitúo, lo devuelvo a su lugar. La identificación física y/o ideal es muy fugaz.

Sin embargo, a las noches la inquietud me atrapa, me agarra y aún siendo consciente me es imposible tomar distancia. No doy con la causa y frecuentemente me siento sin herramientas para gestionar esos momentos.

Noto como una invasión, una agresión, etcétera.

 

M: —¿Distingues, entre el cúmulo de sensaciones, si hay odio, resentimiento, ira o cualquiera otra?

Es importante que intentes distinguirlas, pues de esa manera las puedes relacionar con una época de tu vida, con una persona o inclusive con un lugar…

A: — Lo habitual es que las sensaciones sean conflictivas como el odio, la traición, la angustia, la desesperación, la necesidad de ayuda, tristeza, etcétera.

Cuando ocurren de noche, no las siento mías. A veces, hago un barrido por mi memoria y me aparece la persona a quien le pertenecen. Otras veces, la sensación aparece simultáneamente a saber de quién es.

Cuando las sensaciones están asociadas a facetas autobiográficas que recuerdo conscientemente, es sencillo manejarlas, las sitúo con las circunstancias, el tiempo y lugar a los que corresponden y pueden apartarse de la mente.

 

M: —¿Llega incluso la sensación a afectarte físicamente?, es decir, ¿somatizas dicho conflicto?

A: — Sí. Cuando ocurre de noche falta el aire, o se hace un nudo en el estómago. También aparece inquietud, nerviosismo, el cuerpo no puede parar.

Por otro lado, pasa que no digiero los procesos y por simetría, no digiero los alimentos y mi intestino acaba sufriendo.

Y finalmente, en épocas de mucho caos colectivo o caos de seres cercanos, acabo enfermando de repente con procesos variopintos y siempre muy agudos.

 

M: —¿Cuánto darías por curarte de ello? ¿Podrías incluso deshacer alguna zona de confort para construirte nuevamente?

A: — No se si alguna vez he tenido opción a elegir deshacer zonas de confort. La vida siempre me lleva a no acomodarme en nada. Dicho esto, por curarme de ello estaría dispuesta a perderlo todo, a renunciar a mis creencias y apostaría por aunque ignorante y sin total claridad, lanzarme al abismo de lo desconocido y confiar en que algún día ya sea en esta o en otra vida, toda entrega realizada construya certezas interiores que perduren por siempre.

 

*Imagen cabecera: https://pixabay.com/es/photos/murudeshwar-mar-arábigo-karnataka-172586/

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